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002 · Música

Los artistas ya no publican música. Publican mundos.

Un álbum ya no es la unidad de lanzamiento. La unidad es un universo coherente entre sonido, imagen, moda, lenguaje, ritual y ausencia — sostenido por un sistema de identidad capaz de sobrevivir a un clip de quince segundos.

8 de mayo de MMXXVI · Xnlab Studio

Hasta hace poco, la identidad del artista la gestionaba el sello, se refrescaba una vez por ciclo de álbum, y se concentraba sobre todo en la propia música. El branding existía para señalar la música. La música hacía el trabajo. Todo lo demás — portadas, videos, merch — orbitaba la obra como marketing.

Ese modelo se ha invertido. Hoy los artistas más definitorios manejan sistemas visuales coherentes que operan en formatos que no pueden controlar del todo: un teaser sin publicar en la cuenta de otro, una sesión de estadio en un país en el que nunca han estado, una edición de un fan, un meme. Su identidad tiene que sobrevivir a cada uno de esos contextos. La música es una superficie entre muchas.

Esto significa que los artistas necesitan worldbuilding, no branding. El sistema tiene que ser lo bastante profundo para generar piezas que el artista no encargó. Debe definir no solo tipografía y paleta sino vocabulario gestual, textura sonora, registro fotográfico, lo que el artista no va a decir, cómo es su comportamiento en internet, cómo está iluminada su cara cuando aparece en el escenario de otro. Un mundo coherente genera contenido de fans que sigue perteneciendo al artista.

Lo vemos con más claridad en la nueva ola de artistas culturales que operan como cinematógrafos de su propia existencia: Rosalía, FKA twigs, Yves Tumor, Arca, la generación post-Frank Ocean. Sus lanzamientos no son álbumes sino capítulos. Sus sistemas visuales persisten a lo largo de años, no de temporadas. Sus identidades se comportan como lenguajes, no como logos.

El papel del estudio en este espacio es el mismo que en hostelería o arquitectura: diseñar las condiciones bajo las cuales la obra se vuelve a sí misma. No la obra — el campo en el que ocurre la obra. El artista sigue siendo el artista. El mundo es lo que construimos a su alrededor.

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